En condiciones normales de presión y temperatura, frente a una película policial, un equipo creativo podría sentarse a pensar cómo llevar a imágenes una escena de persecución clave. Dar vida a La noche está marchándose ya fue un proceso inverso: “Tengo una moto, un traje de seguridad… ¿qué escenas podemos hacer con estas cosas?”. En pocos meses, Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas pensaron, escribieron, reunieron un equipo de 15 personas, rodaron, posprodujeron y presentaron a festivales una de las mejores películas argentinas de los últimos años.
Hecha con urgencia (tenían un plazo breve) y entre urgencias (en un país que atentó contra la cultura en general y la producción audiovisual en particular), La noche está marchándose ya logra construir un relato divertido y a la vez triste, profundo. Sensible.

Una oferta inesperada (que involucra a un personaje para otra nota y para otra película) les dio el espaldarazo para ponerse en marcha. En un plazo breve. Sin más condicionamientos que el dinero que tenían.
Fue una película de supervivencia. Literal.
Sus directores –como todo el equipo que trabajó en ella– estaban sin trabajo, en medio de puro desconcierto desde el cambio de gobierno. Ambos son técnicos, con larguísimo CV. Dirigieron juntos un cortometraje premiado (Mi última aventura), pero esta era su ópera prima en formato largo.
Aunque saben que “son muy escasas las pelis que no están condicionadas por su presupuesto”, en este caso fue un poco más difícil. Igual, con limitaciones, también tenían muchas posibilidades. Contaban con una cámara, Ramiro editaba, Ezequiel hacía el color. Y tenían tiempo. “Editamos la película en dos meses, porque no teníamos trabajo. Nuestro trabajo era editar nuestra película. No podíamos hacer otra cosa”.
“Tenemos mucha conciencia de qué se puede y qué no se puede hacer con el dinero”, detalla Sonzini. Cuando escribían, o pensaban la historia, siempre estuvo presente el dinero. “Hubo ideas de escenas que nos parecían buenísimas, que hoy en día nos hubiera gustado filmar, pero era imposible”.
Una película sobre lo que nos pasa
El filme es hermoso. Hablar de la plata que costó hacerlo no le suma ni le resta méritos artísticos. Sí destaca el esfuerzo, el amor, la inteligencia, la habilidad, la pasión por el cine y por contar de toda esa gente alrededor, muchos más nombres y apellidos que los de sus directores.
Cada vez que se vuelve consciente el tiempo que hablamos de dinero, debemos revisitar esta hermosa columna de Tamara Tenembaum en la que también dice que cada vez hablamos menos de trabajo.
En La noche está marchándose ya, del trabajo se dice más que del dinero. Y, de paso, en cascada, aborda otros temas como la solidaridad, el compañerismo, la gestión cultural, el rol del cine / del arte en nuestras vidas.
Desde la imagen, el juego de luces y sombras resalta los objetos y los sujetos de esta historia mínima. Desde el sonido/silencio, igual, aunque no haya una palabra tan preciosa como “claroscuro” para definir ese contraste en que las palabras cobran significado, suspenso y valor emocional.

–Al personaje de Pelu (Octavio Bertone) le pasan un montón de cosas y él por momentos está como si nada. ¿Fue pensado como reflejo de esta sociedad que no reacciona frente a diversos embates?
–No pensamos mucho en términos metafóricos. No tenemos esta cosa de abstraernos, de pensar en una idea y tratar de materializarla a través de los personajes o de las cosas que pueden pasar en la historia.
Octavio, que también trabajó en el corto que ambos dirigieron, es amigo y se conocen desde hace mucho tiempo. También es parte del Cineclub Municipal, ese espacio que es y al mismo tiempo no es el de la película.
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El drama desdramatizado
Fue Bertone quien les pidió no ser él mismo en la película, sino otra cosa. “Ahí se armó algo interesante –dicen los directores–, con intenciones contrapuestas que se van manifestando en la película en distintos momentos. Pasa algo que nos interesó cuando la editamos: uno no sabe lo que está pensando el personaje. Él acciona, puede todo el tiempo hacer cosas por los demás, o para salir de sus problemas, pero no es fácil entrar en su cabeza”.
“Hay algo en esa falta de énfasis en el drama de las cosas. Tiene que ver con cómo pasan las cosas en la realidad”, aseguran. “Como lo que viene pasando con Milei. Lo más extraño para mí es lo desdramatizado que es el momento en que de repente hacen mierda algo: aprueban la ley de reforma laboral, que es una tragedia absoluta que vamos a sufrir en carne propia nosotros y nuestros hijos durante un montón de tiempo, y el momento en que pasa el aire no se pone más pesado, la gente no grita, la calle sigue igual”, describe Ramiro.
–Lo mismo con el funcionario de este organismo cultural (Pablo Limarzi), en una escena cruel que es también divertida
–Ese momento inicial, a los dos minutos, podría haber sido una situación muy dramática también. Que jueguen al piedra, papel, tijera, que los echen comiendo un sándwich, que no tengan plata para tirar una moneda al aire, es divertido y trágico. Hicimos las dos versiones: tenemos tres retomas de la escena en serio, y una sola con sándwich. Debíamos tomar la decisión.
Ahí se dieron cuenta, no saben si rápido o lento, que elegir una versión u otra determinaría el tono de la película.

Villanos y villanos
Salinas y Sonzini aclaran que el burócrata de la gestión cultural que retratan “no es un típico malo” sino una persona que claramente “tiene una idea rara, pero está en el lugar, conoce la gente con la que trabaja y sufre al final. Hay alguien que es peor que él”, coinciden.
“También nos dimos cuenta charlando con gente que labura en lugares como el de la película: nunca vienen y te cierran la puerta y te tiran una patada y te echan. Es como: se acaba el agua, lo cierran por unos días, en dos semanas no encuentran un plomero, en un mes se roban otra cosa, en cinco meses pasa otra”, apunta Ezequiel.
Las políticas culturales (o su ausencia) de algún modo están reflejadas en la historia. No es panfletaria en ningún momento, pero saca una foto a ciertos temas cotidianos. Del modo de producción en cultura (y otra vez hablamos de plata), también.
“Para nosotros es problemático, en términos éticos, hacer una película en estas condiciones. Somos muy conscientes de que para poder hacerla le tuvimos que pedir a mucha gente, muy amiga, que trabajara por menos dinero del que sale su trabajo. Eso es un problema que sabíamos que no íbamos a poder solucionar”, dicen.
“Somos muy conscientes de ese problema y ojalá nunca dejemos de serlo. ¿Esta película sale USD 15.000? No, no sale eso. Podés hacerla porque tenés un grupo de gente que lo hizo atrás tuyo, bancándote, pero creo que uno no debería pensar que eso se puede repetir”, dice Ramiro.
Ezequiel apunta: “Podés hacer una película así porque son tus amigos, pero no te podés pasar el año haciendo eso, porque en algún momento tenés que hacer otra cosa para comer”.
El cash rebate y las políticas de renovación
Para ambos, en Córdoba es lenta la renovación de una camada de cineasta, de técnicos, en este contexto tan precario. “Quienes se supone que tienen más experiencia, no pueden tener un asistente al que le transmita poco o mucho conocimiento. Casi no hay trabajo, y se empieza a cortar una cadena”.
Las políticas actuales en la provincia, centradas en el cash rebate, no alcanzan. “No es una crítica a los productores, que dan trabajo, pero hay que entender que el cash rebate es un sistema virtuoso para generar rodaje, pero no es virtuoso para generar cine cordobés. No es virtuoso para generar una película como esta, o como la de un pibe que no conozco y que tiene 20 años. Y que quizás sea el próximo crack del cine argentino”.

“Hay que trabajar el fomento, la producción y también el cash rebate para darle otra escala a ese fomento, pero tenés que generar tu semillero. Hay lugares en los que crearon una escena cinematográfica poniendo un poco de guita y sosteniéndola 10 años”, dicen.
“Es clave blanquear cuáles son los reales intereses. Un interés absolutamente digno y transparente es generar puestos de trabajo y rodajes. No estamos en contra de eso. Pero digámoslo. Y digamos que no interesa tanto fomentar historias de Córdoba, cosas que pasan en Córdoba, porque creemos que nadie lo quiere ver”.
Historias con los pies en la tierra
–¿Les interesa la parte de la producción, o eso “ensucia” un proceso creativo?
–Para producir a esta escala, cuando estás interviniendo un poco en todas las áreas del proceso, tenés que entender cómo funciona el dinero para mantenerte sincronizado con lo que pasa en la calle. Una vez, Pedro Costa dijo en una entrevista que no podía creer que muchos amigos cineastas, cuando estrenan una película, se pasan un año viajando por toda Europa y viviendo en hoteles cinco estrellas, y no saben cuánto sale la comida en el súper. ¿Cómo pueden filmar las películas que filman si no saben cuánto cuesta la comida?
No saben si la expresión fue literal o metafórica, ni siquiera si Costa sabía o no cuánto costaba la comida. Pero para ellos es imprescindible “entender si lo que estás gastando y lo que estás haciendo es mucho o poco. Es importante que el que dirige una película en Córdoba sepa cuánto salen las cosas, en qué se gasta la plata, por qué hay cosas que no podés hacer cuando cuestan dinero que se necesita para pagar una hora extra o para pagar un aporte”.
“Los problemas que se ven en la película –agregan– son problemas que de una u otra forma teníamos, tenemos. La vida te da material y si no sabés cuánto valen las cosas en un país que está en crisis hace 50 años, te estás perdiendo un capítulo enorme”, agregan.
–No es común ver duplas de directores. ¿Por qué entre los dos… por segunda vez?
–Porque tenemos afinidad, porque nos llevamos bien… y es mucho menos difícil de lo que la mayoría de la gente piensa. Nosotros tenemos muchos principios de acuerdo, y sobre eso los acuerdos creativos son más fáciles.
Coinciden en que dirigir cine tiene mucho de mito, como si se tratara de un director de orquesta que hace señas y explica a todo el mundo cómo tocar. “En nuestro caso, no es que uno se encarga de una cosa y otro de otro. Hacer las cosas por consenso nos sirve, porque el consenso es como la vereda del medio. Está muy instalado que no se puede hacer, pero se puede en prácticamente la mayor parte de los trabajos y las cosas de la vida”. Se potencian capacidades, dicen.
Una película sobre vínculos, de Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas
Sobre La noche está marchándose ya hay un consenso general en la crítica, y fue premiada en grandes festivales. ¿Es una película para cinéfilos? “Es una película sobre vínculos, accesible para todos”, replican.
Para sus realizadores, encuentra su eje en un universo emocional en que los lazos humanos son protagonistas. “Eso no requiere ningún bagaje cinéfilo para ser apreciado. Al contrario, hay en esa apuesta una conexión con los orígenes del cine clásico, que también construyó su lenguaje desde las emociones y los vínculos”.
Uno de los puntos más interesantes es la manera de entender la cinefilia dentro del propio filme. Las referencias cinematográficas no fueron puestas como contraseñas, sino como parte natural de quienes son como creadores: “Las ponemos porque nos divierten, porque son los lugares de lo que bebemos, las cosas que nos permiten entender cómo filmar el mundo en el que vivimos”.
La cinefilia, en el fondo, no para acumular capital cultural y diferenciarse, sino como impulso genuino: “Compartir películas es un acto universal y profundamente humano”, dicen Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas.
