Albertina Carri pertenece al grupo de cineastas que incomodan porque saben exactamente lo que hacen. Su obra es difícil de clasificar e imposible de ignorar, y ocupa desde hace más de dos décadas un lugar de tensión productiva en el mapa del cine argentino.
La decisión del Cineclub Municipal Hugo del Carril de dedicarle una semana completa a su obra no es solo un gesto de reconocimiento sino más bien un acto político.

Desde el jueves 19 hasta el miércoles 25 de marzo, se proyectará un recorrido exhaustivo por la filmografía de Carri, incluyendo largometrajes, cortometrajes y mediometrajes creados desde sus inicios en 1999 hasta su trabajo más reciente.
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Además de varias funciones con la realizadora, este sábado se presentará Cine vivo, su nuevo libro. Aquí, parte de un programa increíble.

Una voz formada en la intemperie
Nacida en Buenos Aires en 1973, Carri creció bajo el peso de una tragedia que marcaría su producción: la desaparición de sus padres durante la última dictadura cívico-militar argentina.
Roberto Carri y Ana María Caruso fueron secuestrados cuando era una niña. Esa herida se convierte en motor, en método, en pregunta permanente. No hay en su obra nostalgia ni duelo prolijo: hay rabia, indagación, una negativa a aceptar versiones oficiales.

Su cine desborda los rótulos. Abraza técnicas expresivas diversas como el documental reflexivo, la animación, found footage, porno feminista, road movie. Lo que une todo ese corpus no es el estilo sino la actitud de rechazo sistemático a los discursos hegemónicos y patriarcales, una mirada política de disidencias que no pide permiso.
“Su cine abraza toda clase de técnicas expresivas y recursos narrativos, y se distingue por un estilo audaz y provocador que aborda temas tabú desde una mirada crítica y subversiva.
FICValdivia, sobre la obra de Albertina Carri
El ciclo: un recorrido sin concesiones
La semana arranca el jueves 19 con No quiero volver a casa (2000), su ópera prima, en la que ya se adivina esa mirada fría y clínica con la que Carri observará las relaciones humanas en toda su carrera. El programa incluye también el corto Fama (2003), donde Dolores Fonzi se interpreta a sí misma en un juego de dobles que oscila entre la adulación y la violencia.

Ese mismo jueves, en la función nocturna, se proyectará La rabia (2008), uno de sus títulos más perturbadores: un relato sobre la violencia, el deseo reprimido y la incomunicación en un entorno rural
marcado por la brutalidad y la opresión. La historia sigue a una niña muda que observa la
relación conflictiva entre sus padres y los secretos de los adultos que la rodean.
El viernes 20 se proyectarán 2020, la delgada capa de la tierra, una reflexión sobre la pandemia y la fragilidad de la existencia; y Palabras ajenas (2021), mediometraje que homenajea la obra homónima del artista León Ferrari, un collage literario realizado entre 1965 y 1967 en el contexto de la guerra de Vietnam.
A las 22.45, con presencia de la realizadora, se proyectará Las hijas del fuego (2018), su road movie porno-lésbica feminista, que el ciclo presenta como un manifiesto estético y político sin medias tintas.
El sábado como epicentro

El sábado 21, por la tarde y con Carri presente, se proyectará Géminis (2005), una exploración de los vínculos ocultos al interior de una familia burguesa porteña que acompaña el perturbador cortometraje animado Barbie también puede eStar triste (2001).
En este corto fusiona pornografía, melodrama y crítica feminista. Desmonta estereotipos asociados a la muñeca ícono cultural, utilizando una animación deliberadamente tosca en stop motion. La voz es de “Barbie” es de Juana Molina.
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A las 18.15, en el Auditorio Fahrenheit y con entrada libre y gratuita, se realizará la presentación del libro Cine vivo, junto a Roger Koza y Soledad Boero. El volumen reúne décadas de escritura, manuscritos inéditos, guiones y documentos internos de trabajo, configurando una obra paralela y complementaria a su filmografía.
Por la noche estará presente en Cuatreros (2016), filme-ensayo en el que parte de la figura del bandolero Isidro Velázquez para hablar de sus padres desaparecidos, de la maternidad, de los ideales revolucionarios y del fracaso.
“Los rubios”, 20 años después
El domingo 22 está reservado para el título más conocido y debatido de su carrera: Los rubios (2003). La función se enmarca en la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado y contará con la presencia de la directora.
La película, que Carri realizó cuando intentaba reconstruir la historia de sus padres, es un clásico del cine argentino contemporáneo. Su audacia formal –una actriz interpreta a la propia Carri mientras la cineasta aparece en cámara; la memoria se fragmenta, se cuestiona, se niega– sigue siendo tan desconcertante y tan necesaria como en su estreno.
“Carri deconstruye la idea de la memoria como algo fijo y estable, proponiendo una interpretación subjetiva y cambiante del pasado”, dice el programa de sala. Esa frase podría extenderse a toda su filmografía: no hay en su obra ninguna certeza que no sea puesta en duda, ningún relato que no sea interrogado.
El domingo a la noche se proyectará Caigan las rosas blancas (2025), secuela de Las hijas del fuego, donde el personaje de Violeta decide abandonar el sistema y emprender un viaje desde Buenos Aires hasta San Pablo en busca de libertad artística, sexual y política. Es la película más reciente de Carri.
Un cierre con la madre como texto
El miércoles 25, último día, el ciclo se cierra con dos obras. Punto impropio (2015) parte de las cartas que Ana María Caruso –la madre de Albertina, profesora de literatura– escribió durante el año en que estuvo secuestrada: para sus hijas, para sus tías, para sus abuelos. Cartas con recomendaciones de libros. Cartas escritas con la conciencia de que la distancia sería irreparable. “Esas cartas son el libro que Ana María Caruso no pudo escribir”, dice la directora en el programa. .
A las 23, la semana cierra con Urgente (2007), codirigida con Cristina Banegas: una fábula oscura sobre el silencio de una niña violada, las morales impuestas por instituciones injustas y la dificultad de pedir ayuda.
Un ciclo de cine clave
Sería fácil describir el cine de Carri como “provocador”, pero esa palabra no alcanza para explicar por qué su obra genera un malestar tan productivo.
Carri no provoca por el placer de escandalizar, sino porque tiene algo concreto que decir sobre el poder, sobre el cuerpo, sobre la memoria y sobre quién tiene el derecho de narrar.
Este ciclo es una oportunidad poco frecuente para ver una obra completa, con sus continuidades y sus rupturas, sus obsesiones y sus cambios de registro. Es también la posibilidad de entender por qué el cine argentino no sería el mismo sin ella. Y la presencia de la propia Albertina Carri en Córdoba, las entradas accesibles, la posibilidad de diálogo y encuentro, son esenciales.
