El cine, decía Adolfo Aristarain, es “un oficio despiadadamente traidor para quien lo ejerce”. Y sin embargo, le entregó su vida entera. El director argentino murió este domingo 26 de abril en Buenos Aires. Tenía 82 años.
Nacido en 1943 en el barrio porteño de Parque Chas, Aristarain llegó al cine antes de saber que iba a quedarse allí. Después del colegio, veía dos o tres películas por día en las salas de sesión continua del barrio.


El trompetista que quiso ser terminó convirtiéndose en uno de los directores más relevantes del cine argentino. Eso fue consecuencia de una educación cinéfila construida en salas oscuras y rodajes ajenos.
De los rodajes al debut como director
Aristarain se formó en los sets. Trabajó como meritorio, sonidista, montajista y ayudante de producción. Asistió en la dirección a Mario Camus, Vicente Aranda, Sergio Leone, Lewis Gilbert, Gordon Flemyng y Sergio Renán. También actuó una vez delante de cámara: fue en Dar la cara, de José Martínez Suárez.
Sin embargo, su lugar estaba detrás de la cámara. En 1978, su debut como director fue con La parte del león, a los 35. La película pasó casi inadvertida en aquel entonces, pero fue recuperada como señal temprana de un cine que quería decir cosas.
“En La parte del león, que filmé durante la dictadura militar, un tipo se arruina la vida y arruina a todo lo que lo rodea en su afán por tener plata y otro nivel de vida. Eso supongo que hará reflexionar a todo espectador más o menos inteligente”, declaró hace más de una década sobre su filme inicial.

Tres años después llegó Tiempo de revancha (1981), con Federico Luppi, que se convirtió en un documento sobre la dictadura. Por suerte, casi inadvertidas pasaron las comedias picarescas y musicales La playa del amor y La discoteca del amor, con Cacho Castaña, Mónica Gonzaga y Ricardo Darín. Tenía que usar actores de la televisión, e incluir 12 canciones en la trama.
Aristarain encontró en el género policial una forma de decir lo que no podía decirse de otro modo. Ahí apareció el director que luego no abandonaría el camino. La censura vio un policial, los espectadores vieron otra cosa.
Hoy, ese filme figura entre los tres mejores de la historia del cine argentino, según una encuesta de 2022. El crítico Nicolás Prividera, desde Con los Ojos Abiertos, la definió como “un clásico instantáneo” y señaló que Aristarain fue uno de los pocos cineastas que sostuvieron “no solo el lenguaje, sino la dignidad” del cine durante ese período.
El 30 de julio se cumplirán 45 años del estreno de Tiempo de revancha. Allí, Pedro Bengoa (Luppi) es un exsindicalista que comenzó a trabajar en una mina propiedad de una multinacional corrupta. Decide junto a Bruno Di Toro (Dumont), su compañero de trabajo y de lucha obrera, producir una explosión que parezca accidental y los deje sepultados.

Todo forma parte de un plan elaborado por el abogado Larsen (De Grazia), para simular luego que Di Toro perdió el habla y negociar una indemnización con la empresa. Pero algo (mucho) sale mal.
Aristarain y el cine que nadie más hacía
Últimos días de la víctima (1982) llegó en el ocaso de la dictadura, protagonizada por un asesino a sueldo contratado por el poder.
Su filmografía continuó con grandes títulos, como Un lugar en el mundo (1992), que ganó el Goya a mejor película iberoamericana. Después vino La ley de la frontera (1995), rodada en España. Martín (Hache) (1997) y Lugares comunes (2002), que obtuvo el Goya a mejor guion adaptado, precedieron a Roma (2004).

Aristarain llevaba más dos décadas sin filmar cuando murió. Su proyecto final hubiera sido una historia de Ástor Piazzola. Negoció con la hija del gran músico los derechos de su libro, pero no la pudo llevar adelante. Una pena.
En todas sus películas se destaca el trabajo actoral: Aristarain dedicaba atención especial a este trabajo. Federico Luppi fue su intérprete de cabecera, pero dirigió a José Sacristán, Mercedes Sampietro, Eusebio Poncela, Aitana Sánchez-Gijón, Cecilia Roth, Juan Diego Botto y Susú Pecoraro. Sin ellos, decía, las películas hubieran sido imposibles.
“Durante un tiempo, fue el único que se animó a hacer un cine que nadie más hacía”. Axel Kuschevatzky, productor
El puente entre Argentina y España
Aristarain vivió siete años en España. Allí rodó algunos de sus trabajos y tejió vínculos con el cine español. Escribió guiones con Mario Camus, uno de sus maestros y amigos.
El director argentino construyó un cine clásico en su forma y contemporáneo en sus temas: sus películas hablaron de la identidad, del exilio, de las decisiones morales y de los vínculos afectivos, desde géneros como el policial, el drama familiar o la road movie.

En 2024, luego de cumplir 80 años, la Academia de Cine española le entregó su Medalla de Oro, y fue el primer director argentino en hacerlo. Fue “uno de los nombres fundamentales de la historia del cine en español”, señalaron.
Aristarain explicó que la medalla era “”una Medalla “mucho más personal que un premio a sus películas”. En ese discurso dejó una gran cita: “Aunque uno intente esconder lo que uno es, tarde o temprano el director desnuda su alma sin quererlo en primer plano. El cine que uno hace es lo que uno es”.
Aristarain le había confiado a El País, en una entrevista de 2024, su motivación esencial: “Lo mío siempre fue divertirme haciendo cine”.
Las despedidas al cineasta argentino
La muerte de Adolfo Aristarain recibió reacciones en todo el ámbito del cine. La Asociación Argentina de Actores lo recordó como “un referente de un cine de fuerte impronta autoral, mirada crítica y proyección internacional”.
“Adolfo era un tipo único, inquebrantable, insobornable, íntegro, generoso y brillante”. Juan Diego Botto, protagonista de Martín (Hache)
Javier Porta Fouz, director artístico del Bafici: “Adiós, gigante del cine”. Nicolás Prividera, desde Con los Ojos Abiertos, lo llamó “el último clásico”. Señaló que sus películas “permanecerán como expresiones de lo mejor del cine argentino de todos los tiempos”.
También apuntó que Aristarain fue “el socio silencioso” del cine argentino durante la dictadura: el hombre que sostuvo el lenguaje cuando otros lo abandonaban.
La obra de Adolfo Aristarain permanece. Tiempo de revancha sigue siendo una de las películas más vistas y discutidas del cine argentino. Un lugar en el mundo y Lugares comunes pueden verse en plataformas.
El director que quiso ser trompetista y terminó desnudando su alma en primer plano dejó una filmografía que es, al mismo tiempo, su retrato y su legado. “El cine que uno hace es lo que uno es”.
La frase no necesita explicación.
